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Francisco Arias Solis. Presidente de Internautas por la Paz y la Libertad y Foro Libre
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José María Ots Capdequí ~ Francisco Arias Solís
JOSÉ MARÍA OTS CAPDEQUÍ (1893-1975)
“Pero además, lejos de ser así, es la política que encarnan los hombres de la legalidad republicana, la que representa, en todos los órdenes, un sentido de continuidad histórica en la personalidad tradicional de las nacionalidades españolas; y son ellos, los sublevados, los pretendidos nacionales, los que quieren imponer una desviación en los destinos de España, entregando nuestro país en vasallaje, para conseguir un apoyo eficaz en defensa de sus privilegios.” José María Ots Capdequí. LA VOZ CON VOCACION AMERICANISTA
El abogado valenciano y catedrático de Historia del Derecho español José María Ots Capdequí ha dejado una obra importante sobre las instituciones del Derecho indiano que arranca desde su tesis doctoral sobre la condición jurídica de la mujer en la legislación de Indias.
José María Ots Capdequí nació en Valencia en 1893 y falleció en Benimodo, Valencia, el 20 de septiembre de 1975. Estudia derecho en las universidades de Valencia y Zaragoza, trasladándose a Madrid para cursar el doctorado en la Universidad Central, donde tuvo como profesor a Rafael Altamira. Su tesis doctoral tuvo por título Bosquejo histórico de los derechos de la mujer en la legislación de Indias. En 1921 obtuvo la cátedra de Historia de la Facultad de Derecho de Barcelona, en la que estuvo poco tiempo al permutarla por la cátedra de la Universidad de Oviedo. En 1924 pasó a ocupar la cátedra de la Universidad de Sevilla y en 1931 la de la Universidad de Valencia, de donde retornó de nuevo a Sevilla al ser comisionado para desarrollar los estudios americanistas de dicha Universidad, donde llegó a ser el centro del americanismo, dirigiendo el Instituto Hispano-Cubano de Historia y el Centro de Estudios de Historia de América, adscrito a la Universidad (después Escuela de Estudios Hispano-Americanos). Trabajaron con él como colegas o como alumnos, gran número de historiadores del Nuevo Mundo: Chacón y Calvo, Zavala, Pereyra, Haring, Castillo, Basadre, Bascuñán, Romero, Coicu, y tantos otros de los que iban al Archivo de Indias para reconstruir el pasado español de sus países o para aclarar aspectos de las fronteras nacionales. La rebelión militar del general Franco le sorprendió en Valencia, donde fundó y presidió la Alizanza d'Intelectuals per la Defensa de la Cultura. Colaboró en la revista Hora de España. Se incorporó como responsable de universidades, al equipo del Ministerio de Educación. Al finalizar la guerra emprende el camino del exilio. Se instala en Bogotá, reclamado por el presidente de Colombia, Eduardo Santos, aficionado a la Historia. Colaboró en Las Españas, la revista más importante del exilio español. Fue delegado en Colombia de la Unión de Profesores, que agrupaba a todos los profesores universitarios españoles desterrados. En Bogotá enseña la Historia del Derecho español e indiano en las cuatro o cinco Escuelas y Facultades de Leyes que existen, pero a más es un asiduo visitante del Archivo Nacional donde examina cientos de legajos y toma las notas que dieron por resultado diversas obras que, a lo largo de los años, se publicaron en México, Colombia, Whashington D.C. y, más tarde, a su regreso en España. Su labor durante los años de exilio, no se circunscribió exclusivamente a Colombia, sino que como profesor visitante, enseñó en la República Dominicana (1944), Puerto Rico (1946) y Lima y Quito (1952). Su obra tuvo repercusión continental, y la creación de cátedras de Historia del Derecho español e indiano, como parte del Derecho nacional, en gran número de universidades hispanoamericanas, se debe a su presencia en América. En 1953 regresó a Valencia, pero no recuperó su cátedra hasta 1962, poco antes de su jubilación.
Entre los títulos más relevantes de su extensa obra se cuentan: El derecho de familia y el derecho de sucesión en la legislación de Indias (1921), El derecho de propiedad en nuestra legislación de Indias (1925), Las instituciones sociales en la América española durante el periodo colonial (1934), El Estado español en las Indias (1940), Estudios de historia del derecho español en las Indias (1940), El régimen de la tierra en la América española durante el periodo colonial (1944), El siglo XVIII español en América (El Gobierno político del Nuevo Reino de Granada) (1945), Nuevos aspectos del siglo XVIII español en América (1946), Las instituciones del gobierno del Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII (1950), España en América: las instituciones coloniales (1952), Las instituciones del Nuevo Reino de Granada en vísperas de la Independencia (1954), The Impact of the Wars of Independence on the Institutional Life of the New Kingdon of Granada (1960), Solórzano y la política indiana (1965,en colaboración con Javier Malagón Barceló y Manual de Historia del Derecho español en América y del Derecho propiamente indiano (2vols., 1945, 1966), que ha sido utilizado como obra de texto en la mayoría de las Facultades de Derecho o Escuela de Leyes de las universidades hispanoamericanas y como libro de consulta en muchos de los departamentos latinoamericanos de los Estados Unidos. Y como dijo el intelectual valenciano: “Un pueblo como el español, con solera de tan viejas culturas y civilizaciones, tiene perfectamente ganada su mayoría de edad política para poder disponer libremente de sus propios destinos”.
Francisco Arias Solís
Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.
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Fernando Fortún ~ Francisco Arias Solís
FERNANDO FORTÚN (1890-1914)
“Eran grupos herméticos, que siempre conspiraban, en esa bella época de las revoluciones... Al pasar, confundidas palabras se escuchaban: el oro inglés..., el día del grito..., los masones...” Fernando Fortún.
LA VOZ DE VIDA BREVE
Fernando Fortún, poeta de salud precaria y de vida efímera, fallece antes de cumplir los veinticuatro años de edad, comparte sus composiciones poéticas con los poetas crepusculares de principios del XX, Tomás Morales, Enrique Díez-Canedo, Ángel Vegue y Goldoni, Alonso Quesada y Pedro Salinas. En el prólogo de La hora romántica, su única obra publicada en vida, escrito por su amigo el poeta almeriense Francisco Villaespesa, se nos describe fielmente la poesía del poeta madrileño: “Prefiere el dibujo al color, huye de los tonos agrios, de notas ásperas, buscando en cambio, las grandes pausas, los grandes silencios, porque en ellos siente mejor el ritmo interno de su alma...” Y Juan Ramón Jiménez nos dejó el retrato del poeta, parecía “un Chopin, adolescente y elegante, fresco y mustio a un tiempo..., un joven ciprés abatido levemente por yo no sé que viento”.
La poesía de Fortún está llena de frecuentes evocaciones de la infancia, y, especialmente, del pasado, impregnadas de una de una dulce melancolía, como en estos versos: “Por vosotras, románticas, aún mi corazón arde; / a este mundo tan viejo, he venido muy tarde, / debí ser vuestro amante y he sido vuestro hijo”. O en estos otros: “En una vieja caja que olvidada / arrinconó mi ama en un desván / de nuestra antigua casa abandonada / vagos recuerdos de mi infancia están.”, de tonos becquerianos y de un virtuosismo técnico notable.
Fernando Fortún nace en Madrid el 30 de mayo de 1890 y fallece en Las Rozas, Madrid, el 6 de mayo de 1914, a causa de una tuberculosis pulmonar. Estudia bachillerato en el Instituto General y Técnico de San Isidro y Derecho en la Universidad Central, estudios que finalizaría en 1910. Colabora en varias revistas de la época, entre ellas, Prometeo de Ramón Gómez de la Serna que ve la luz en 1908, y en la que publica poemas y traducciones, y la Revista Latín, de Francisco Villaespesa. Asiste a tertulias como la de Carmen de Burgos, escritora conocida con el seudónimo de Colombine. Vive durante algún tiempo en París en 1910, al siguiente año, en Ginebra. Viaja a Jerez, Sevilla y Málaga en 1913. Ese año editó con Enrique Díez-Canedo, una antología titulada La poesía francesa moderna, con magníficas traducciones de simbolistas y parnasianos franceses, que tuvieron gran influencia entre los jóvenes poetas de la época.
En 1907, cuando el poeta sólo tenía diecisiete años, apareció su primer y único libro publicado en vida, La hora romántica. Después de su muerte se publica Reliquias (1914), en el que se recogieron textos en prosa, cartas y poemas que dejó inéditos.
Y como dijo el poeta de vida breve: “ Y la paz es profunda; / no llegan los rumores desde fuera. / Los empolvados libros / quedamente bostezan... / Y delante de mí, abierto un tomo, / que sin verlo mis ojos lo contemplan”.
Francisco Arias Solís
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José Ángel Valente ~ Francisco Arias Solís
JOSÉ ÁNGEL VALENTE (OURENSE, 1929-GINEBRA, 2000)
“No reivindicaron más privilegio que el de morir para que el aire fuese más libre en las alturas y los hombres más libres.” José Ángel Valente.
LA VOZ DE UN SOLITARIO
“El poeta –decía Valente- no escribe en principio para nadie, y escribe de hecho para una inmensa mayoría, de la cual es el primero en formar parte. Porque a quien en primer lugar tal conocimiento se comunica es al poeta, en el acto mismo de la creación”.
Valente es una de las voces más intensas de la poesía española de la segunda mitad de los cincuenta, reivindicó su trabajo como la “carrera del corredor solitario”. Y desde su soledad se enfrentó a la vida, lejos de capillas literarias. En un “trabajo radicalmente solitario“ ajustó su voz a las de otros solitarios ejemplares como san Juan de la Cruz, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Valente fue siempre consciente de que la aventura del poeta es la del solitario. La verdadera solidaridad sólo es posible entre solitarios, nos dejó dicho otro gran solitario.
Lenta, pero seguramente, con un caudal lírico no siempre sobreabundante, impuso un modo peculiar de hacer poesía. Al margen de la poesía “pura” y sin caer en la angustia estereotipada de otros poetas de su contexto testimonial, a ratos solidario, acusando con sensible registro el signo controvertido de nuestro tiempo. ¿Cómo ha podido conseguirlo? Sencillamente, a través de las concentración expresiva del idioma. “Mientras unos poetas –escribía José Luis Cano- proceden por la acumulación de recursos expresivos, Valente lo hace por eliminación, cubriendo el hueso del poema con la piel –la palabra- justa y necesaria”. Todo ello caracteriza a un poeta más intelectual que emotivo, por temperamento y voluntad. Según dice en un poema propio las cosas que se le imponen “con atributos de claridad”, y de ahí que sus preocupaciones recojan la realidad –el “tiempo de miseria”- para aislarla y abstraerla de sentimentalismos pasajeros.
Con un lenguaje preciso, rítmico y de gran belleza, su obra poética, cercana en sus comienzos al realismo social característico de la generación del 50, evolucionó hacia un profundo lirismo intelectual y a la consideración de la poesía como una labor de búsqueda y conocimiento de lo esencial de la experiencia humana, cobrando particular relevancia la influencia de la mística y la reflexión sobre la palabra poética. Su personalidad poética se ha mantenido como una de las más valoradas entre las de su generación y con una poderosa influencia sobre las actuales corrientes de la poesía española.
José Ángel Valente nace en Ourense el 25 de abril de 1929. Hizo sus primeros estudios universitarios en la Facultad de Derecho de Santiago de Compostela. En 1947 se trasladó a Madrid, en cuya Universidad se licenció en Filología Románica. De 1955 a 1958 fue miembro del Departamento de Español de la Universidad de Oxford. En 1958 se trasladó a Ginebra, donde ejerció como profesor y como traductor de organizaciones internacionales, y, posteriormente, a París, donde dirigió un servicio de la Unesco. Ha traducido poemas de Hopkins, Cavafis y Montale, entre otros autores. En 1954 obtuvo el premio Adonais por su libro A modo de esperanza y en 1984 el premio de la Fundación Pablo Iglesias. En 1986 regresó a España y se instaló en Almería. En 1988 obtuvo, junto con Carmen Martín Gaite, el premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1993 el premio Nacional de Literatura. En 1972, fue sometido a Consejo de Guerra por su cuento “El uniforme del general”, acusado de alusiones ofensivas al ejército. José Ángel Valente murió en Ginebra el 18 de julio de 2000.
Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan: A modo de esperanza (1954), Poemas de Lázaro (1960, premio de la Crítica catalana), la recopilación Sobre el lugar del cántico (1953-1963), La memoria y los signos (1966), Siete representaciones (1967), Breve son (1968), Presentación y memoria para un monumento (1970) y El inocente (1970), reunidos en Punto cero (1972 y 1980), Interior con figuras (1977), Material memoria (1979), Tres lecciones de tinieblas (1981; premio de la Crítica), Estancias (1981), el poemario en gallego Sete cantigas de alén (1981; ampliado en 1990 con el título Cantigas de alén), Mandorla (1982), El fulgor (1984), Entrada en materia (1985), Al dios del lugar (1989), No amanece el cantor (1992, premio Nacional de Literatura 1993), Material memoria (1979-1989), nueva recopilación editada en 1992, y Fragmentos de un libro futuro (2000). Entre sus ensayos se cuentan Las palabras de la tribu (1971), en el que se recopila sus artículos de crítica literaria, La piedra y el centro (1983), Ensayos sobre Miguel de Molinos (1974), Los ojos deseados (1990) y Variaciones sobre el pájaro y la red (1991). Su narrativa y su prosa poética están recogidas en El fin de la edad de plata (1973) y Nueve enunciaciones (1982).
Valente ha conseguido una gran pureza de expresión en su pensamiento poético. En verdadero poeta, el sentir viene clarificado por el saber. Habiendo conseguido llevarse en su antorcha de corredor solitario una de las llamaradas más depuradas de la tradición poética. Y como dijo nuestro poeta: “Sólo yo que he tocado / el sol, la rosa, el día / y he creído, / soy capaz de morir”.
Francisco Arias Solís
Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.
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Emilio González López ~ Francisco Arias Solís
EMILIO GONZÁLEZ LÓPEZ (1903-1991)
“Pronto me di cuenta que ni el pasaporte diplomático ni los títulos bastaban para rehacer la vida en Estados Unidos y me preparé para ser un emigrante más.” Emilio González López.
LA VOZ DEL PROFESOR EXILIADO
El profesor Emilio González López, catedrático de Derecho Penal en varias universidades españolas, diputado a Cortes y director general de la Administración Local llega a los Estados Unidos en 1939, y al año siguiente entra a formar parte del Departamento de Lenguas Románicas en Hunter College, Nueva York, de donde pasó a dirigir el Programa Doctoral en Español de la City University of New York. Dicta al mismo tiempo cursos de conferencias en la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá. Durante muchos años estuvo encargado de los prestigiosos cursos de verano de Middelbury College. Al jubilarse recientemente fue honrado con el título de “Emiritus Profesor” de aquella Universidad. Sus actividades en los Estados Unidos se orientan hacia la literatura e historia. Su primera contribución crítico-literaria fue su libro Doña Emilia Pardo Bazán, novelista de Galicia (1944). El estudio fue impreso por el Hispanic Institute in the U.S.A., de la Columbia University. Sobre su tierra, ahora vista desde plural perspectiva, escribió otro libro, Galicia, su alma y cultura (1954). No obstante, hay que señalar que su obra más ambiciosa es su monumental Historia de Galicia, de la que se publicaron doce tomos.
Emilio González López nace en A Coruña el 13 de noviembre de 1903 y fallece en Nueva York el 19 de diciembre de 1991. Estudia bachillerato en su ciudad natal y derecho en la Universidad de Madrid, en la que se doctoró en 1929, año en el que se incorpora a la docencia como profesor adjunto de Derecho Penal en la Universidad Central. Fue fundador y primer secretario general de la Federación Universitaria Española (FUE). El 5 de septiembre de 1929 se reúne con Santiago Casares Quiroga, Antonio Villar Ponte y otros intelectuales gallegos, en el casino de Santiago de Compostela para crear un nuevo partido republicano con carácter autonomista, que se denominó ORGA (Organización Republicana Gallega Autónoma), también participó, al año siguiente, en la creación de la FRG (Federación Republicana Gallega). En 1931 es catedrático de Derecho Penal en la Universidad de La Laguna, y más tarde, en Salamanca, Oviedo, Valencia y Barcelona. En junio de 1931 fue elegido diputado de las Cortes Constituyentes por la candidatura de ORGA-FRG de A Coruña. De 1931 a 1933 desempeña la dirección general de la Administración Local. En las elecciones de febrero de 1936 obtiene un escaño por A Coruña en la candidatura de Izquierda Republicana, dentro del Frente Popular. Tras la rebelión militar del general Franco se incorpora, en septiembre de 1936, al Batallón de Milicias Populares Gallegas en el frente de Toledo. El Gobierno republicano le nombra a finales de 1936 cónsul general en Suiza y secretario de la Delegación Española en la Liga de Naciones. A finales de la contienda se exilia en Estados Unidos, fijando su residencia en Nueva York, donde colaboró activamente con las organizaciones gallegas. Durante los últimos años de su vida hizo frecuentes visitas a Galicia.
Además de las obras citadas, destacamos, Historia de la civilización española, El espíritu universitario, La teoría general del delito, Grandeza y decadencia del Reino de Galicia, Memorias de un estudiante liberal, La Galicia de los Austrias, Memorias de un diputado de las Cortes de la República, Memorias de un diputado republicano en la Guerra Civil Española, El arte dramático de Valle-Inclán y El arte narrativo de Pío Baroja: las trilogías. Aparte de muchos artículos dispersos en publicaciones tan conocidas como Ínsula y Revista Hispánica Moderna.
Francisco Arias Solís
Apostemos con el corazón en la mano por la paz.
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Manuel Pacheco ~ Francisco Arias Solís
MANUEL PACHECO (1920-1998)
“Todavía el amor está dormido, dormida la amapola, el alba y las palomas. Todavía está el hombre jugando con los átomos y envenenando el aire que respira. Todavía se mueren los niños, se matan los hombres y la babosa del odio mancha el campo del alma.
Todavía está Dios en las iglesias.
Todavía está todo todavía.” Manuel Pacheco.
LA VOZ QUE GRITA LA VERDAD
El poeta extremeño Manuel Pacheco publicó más de veinticinco títulos de libros poéticos en los que destacan su poesía social, en su poética escrita en 1965 y recogida en la Antología de Poesía Social de Lepoldo de Luis, nos dice: «Aquellos que no quieren ver estropeada la paz de sus buenas digestiones, gritan contra la poesía social diciendo: “¡Han manchado la poesía, eso es poesía política!” Y la poesía social se diferencia de la poesía política en que la primera se compromete con el hombre y la segunda se compromete con el partido que el hombre impone, y tiene que cantar al régimen de ese partido sin denunciar sus defectos. La auténtica poesía social grita la verdad, y la verdad puede molestar a los unos y a los otros». Su preocupación por el hombre y por los temas sociales son tratados en toda su obra con cierta inspiración surrrealista. “El poeta más cercano de mi manera de entender y escribir poema -nos dice Pacheco- es el peruano César Vallejo”. Entre los poetas de la citada Antología de Poesía Social figuran entre otros, los poetas de postguerra Garciasol, Celaya, Crémer, Otero, Ángela Figuera, Eugenio de Nora, Hierro y Agustín Millares Sall; y los poetas de la promoción del cincuenta, Gloria Fuertes, Ángel Crespo, Carlos Sahagún, José Ángel Valente, María Beneyto, Gil de Biedma, Manuel Pacheco, Ángel González, Rafael Morales, María Elvira Lacaci y Félix Grande.
Manuel Pacheco Conejo nace en Olivenza, Badajoz, el 19 de diciembre de 1920 y fallece en Badajoz el 13 de marzo de 1998. Hijo de una familia muy humilde, cuando contaba sólo siete años de edad, muere su padre e ingresa en un hospicio de Badajoz, donde permanece más de diez años. “Desde los ocho años -nos cuenta Pacheco- leo todo lo que cae en mis manos”. A los dieciocho años de edad es movilizado y destinado a Oyarzun, en la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco. Trabajó en oficios muy diversos para matar el hambre, el propio poeta nos recuerda los siguientes: monaguillo, cantante de tangos, fotógrafo, cargador de muelle en la estación de ferrocarril, albañil, marmolista, repartidor de hojas de empadronamiento y comparsista de teatro, por último, ingresa como mecanógrafo en las oficinas de la Pagaduría Militar. En 1949 publica su primer poema “Aire” en el periódico Hoy. El 5 de octubre de 1955 contrae matrimonio con Manuela Cañón Villarroel. En 1986 se le concede la Medalla de Extremadura y dos años más tarde es elegido miembro de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes.
En su abundante obra poética destacan los siguientes títulos: Ausencia de mis manos (1949), En la tierra del cáncer (1953), El arcángel sonámbulo (1953), Los caballos del alba (1954), Presencia mía (1955), Poemas al hijo (1960), Todavía está todo todavía (1960), Poemas en forma de... (1962), Poesía en la Tierra (1970), Para curar el cáncer no sirven las libélulas (1972), El emblema del sueño (1972), Cantares de ojos abiertos (1976), Nunca se ha vivido como se muere ahora (1977), El cine y otros poemas (1978), Poesía (1942-1984) (3 vols, 1986) y Poemas de color sepia (1989). En 1995 se publicó Obra en prosa (1949-1995).
Y como dijo el poeta extremeño: “Lo que importa es el hombre / porque si el hombre muere / se apagarán para siempre / las antorchas del alba”.
Francisco Arias Solís
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María Beneyto - Francisco Arias Solís
MARÍA BENEYTO CUÑAT
“La sagrada familia. La sagrada pobreza humana, va soñando ahora que la esperanza es algo más que un nombre verde, con ramas, pájaros y hojas.” María Beneyto.
LA VOZ SOLIDARIA
La poeta María Beneyto publicó varios libros de poesía social y en su poética, recogida en la antología de Leopoldo de Luis, nos cuenta: “… con todos mis respetos a los poetas que entienden la poesía de otro modo -la libertad de miras se demuestra concediendo a los demás el derecho a opinar en contra-, insisto en mi criterio de que el poeta debe participar en las inquietudes y problemas de la comunidad humana a que pertenece. Es un deber moral ineludible”. La solidaridad es una constante a lo largo de toda su obra. Entre los poetas de la citada Antología de Poesía Social figuran, entre otros, los poetas de postguerra Garciasol, Celaya, Crémer, Otero, Ángela Figuera, Eugenio de Nora e Hierro; y los poetas de la promoción del cincuenta, Gloria Fuertes, Ángel Crespo, Carlos Sahagún, José Ángel Valente, María Beneyto, Gil de Biedma, Ángel González, Rafael Morales, María Elvira Lacaci y Félix Grande.
La escritora y poetisa María Beneyto Cuñat nace en Valencia el 14 de mayo de 1925. Debido a la profesión de su padre, autor teatral que no consiguió estrenar ninguna obra, pasa sus primeros años en Madrid. Al inicio de la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco vuelve a residir en Valencia. Donde después de unos duros años, una herencia le permitió dedicarse completamente a la literatura. Tiene más de cuarenta libros publicados, entre poemarios, novelas y cuentos, tanto en castellano como en valenciano. A lo largo de su vida ha recibido una gran número de galardones. Tras sus primeros premios hizo un largo silencio de más de quince años. Entre los numerosos premios obtenidos destacan: Premio Ciudad de Valencia en 1953 por Criatura múltiple; accésit al Adonáis en 1955, por Tierra Viva; Premio Ciudad de Barcelona de Poesía, en 1956, por Ratles a l'aire; Premio Calvina Tezaroli de Italia en 1956, por Antología general; Premio Ausias March, en 1976, por Vidre ferit de sang, Premio de las Letras Valencianas, en 1992, Premio de la Crítica de poesía catalana, en 2003, por Bressoleig a l'insomni de la ira y Premio Lluis Garner, en 2009, por el conjunto de su obra.
Entre sus libros poéticos destacan: Canción olvidada (1947), Altra veu (1952), Eva en el tiempo (1952), Criatura múltiple (1953), Tierra viva (1956), Poemas de la ciudad (1956), Ratles a l'aire (1956), Antología general (1956), Vida anterior (1962) y Poesía (1947-1964) (1965), más tarde aparecieron, El agua que rodea la isla (1974), Biografía breve del silencio (1975) y Vidre ferit de sang (1977), tras su prolongado silencio publicó Nocturnidad y alevosía (1993), Poemes de les quatre estacions (1993), Després de soterrada la tendresa (1993), Archipiélago (poesía inédita 1975- 1993) (1993), Hojas para algún día de noviembre (1993), Nocturnidad y alevosía (1993), Para desconocer la primavera (1994), Días para soñar que hemos vivido (1993), Elegies de pedra trencadisse (1997), Poesía (1952-1993) (1997), El mar desde la playa (1999), Casi un poco de nada (2000), Bressoleig a l'insomni de la ira (2003) y Eva en el laberinto (2006). En prosa sobresalen los siguientes títulos: La invasión (1955), La promesa (1958), La gent que viu al món (1960), La dona forta (1967), su novela más famosa, Antigua patria (1969) y De la inconforme resignación y otras historias (1999).
Y como dijo la poeta valenciana: “He venido, trayendo / a mi ausencia conmigo. / Nada les dejo para que pregunten / por mí, pues nadie me recuerda”.
Francisco Arias Solís
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